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El arte de la estrategia

El arte de la estrategia

Resumen Ejecutivo

Suponga que las circunstancias de la vida le imponen un escabroso duelo con dos pistoleros mucho más diestros que usted; el primero, llamado Adán, tiene un 80% de precisión en sus disparos, mientras que el segundo, Zoe, es un tirador perfecto, nunca falla. Usted, en cambio, inexperto en armas, apenas tiene un 30% de probabilidades de acertar el tiro. Ahora suponga que los tres están ubicados en las esquinas de un triángulo y que cada uno tendrá dos oportunidades de disparar, en dos rondas diferentes, cada una de las cuales comienza en usted y termina en Zoe. El mejor resultado, por supuesto, es ser el único superviviente. Pues bien, usted comienza, ya tiene en sus manos el arma con una sola bala: ¿qué hace?

Aunque la probabilidad de encontrarse en la situación descrita es infinitamente pequeña, el tipo de razonamiento que se requiere en ella para salir adelante es el mismo que usted utiliza diariamente para enfrentarse a todas esas situaciones en las que tiene que tomar la mejor decisión individual, teniendo en cuenta que se enfrenta a otras personas y que ellas, a su vez, intentan adoptar la decisión más adecuada a sus propios intereses. Pensar estratégicamente es el arte de superar a los  adversarios, a sabiendas de que ellos también intentan hacer lo mismo. Por eso, el pensamiento estratégico no es una cuestión limitada a los juegos o a la guerra, sino algo que todos ponemos en práctica en el trabajo, en casa y en todas las dimensiones de la vida social.

Los fundamentos del pensamiento estratégico no dejan de ser un arte, se pueden reducir a unos cuantos principios básicos, tal como lo viene demostrando desde hace algunas décadas la joven ciencia de la teoría de juegos.

Volvamos por un instante a su duelo con Adán y Zoe. Si usted dispara a Adán y tiene el tino para acertar, entonces el arma pasará a Zoe, quien necesariamente le disparará a usted con una probabilidad del 100% de matarlo. Ahora bien, si usted le dispara a Zoe y lo mata, entonces va a ser Adán quien le dispare a usted, y su probabilidad de morir será del 80%. ¿Qué es lo mejor que puede hacer? ¡Disparar al aire! Dejar que sean ellos quienes se ataquen entre sí. Cuando el arma pase a Adán, él intentará matar a Zoe. Si lo mata, ahora usted disparará contra Adán (con un 30% de oportunidad de acierto) y, de no matarlo, tendrá un 20% de probabilidades de que él falle su último tiro. Si, por el contrario, Adán no acierta a matar a Zoe, Zoe acabará con él, pues representa una amenaza mayor, y a usted le quedará una última oportunidad de dispararle a Zoe y salvar su vida. En este, como en muchos otros escenarios, la mejor decisión en la primera jugada consiste en no hacer nada. Muchos políticos, por ejemplo, saben que es mejor entrar en escena cuando los rivales más fuertes ya se han hecho daño entre ellos.

La teoría de juegos analiza ese tipo de situaciones en que los individuos toman decisiones estando rodeados de otras personas que, a su vez, también toman decisiones. Y como sucede en el mercado  de valores, en una partida de ajedrez, en una campaña política o en una relación de pareja, lo que haga cada una de las partes tendrá una incidencia directa sobre lo que harán las otras. Es ingenuo pretender trazar una fórmula abstracta para tomar siempre las mejores decisiones estratégicas, pues cada situación concreta tiene múltiples particularidades, pero los patrones de la interrelación obedecen a ciertas reglas observables, y esto permite esbozar algunos principios generales para orientar cualquier decisión estratégica. Más que fórmulas de éxito, estos principios son herramientas útiles para guiar su análisis de cada situación e intentar el desarrollo de la estrategia que más convenga a sus propios intereses.

Juegos de turno consecutivo

La teoría de juegos denomina juego a cualquier situación de interdependencia estratégica, es decir, todo escenario en el que el resultado de las decisiones o estrategias de un jugador dependa de lo que elija el otro o los otros jugadores, quienes también actúan con un propósito. Ahora bien, en algunos juegos, los intereses de los jugadores pueden estar en estricto conflicto y lo que una persona gana es siempre lo que la otra pierde. El póquer es un claro ejemplo de los denominados juegos de suma cero: si en este tipo de juegos uno suma las ganancias totales de los jugadores y les resta las pérdidas totales, el resultado será cero. Pero, por lo general, las situaciones son un poco más complejas y, junto con los intereses en conflicto, se conjugan algunos intereses comunes, dando lugar a combinaciones de estrategias que pueden ser mutuamente beneficiosas o mutuamente perjudiciales. 

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