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Egonomics

Egonomics

Resumen Ejecutivo

Por qué el ego puede convertirse en nuestro mejor aliado en lugar de llevarnos a la equivocación permanente

Introducción

Nuestro ego puede suponernos tanto una gran ventaja como un serio lastre. Cuando tiene el tamaño adecuado, el ego es un vector benéfico que nos proporciona una dosis sana de autoconfianza y ambición y elimina la inseguridad, el miedo y la apatía. Por el contrario, si se le deja crecer desproporcionadamente, es capaz de perjudicar nuestro talento y nuestras capacidades al crearnos la ilusión de ser mejores de lo que en realidad somos. Para bien o para mal, el poder del ego está siempre presente, no da tregua y nunca es neutral respecto a nuestro rendimiento.

Cuando se pierde el control sobre el ego resultan dañados el respeto, la confianza, las relaciones con los demás, la carrera profesional, los clientes y los mercados. De ahí que los autores de Egonomics, tras cinco años de exhaustiva investigación, se preocupen por mostrar diferentes vías para lograr el equilibrio imprescindible entre los impulsos de nuestro ego y el poder oculto de su contrario, la humildad. Un ego desmesurado puede interferir en la dinámica de un equipo e influir negativamente en el rendimiento de la empresa; un ego bajo control impulsará nuestro afán por conseguir resultados, por intentar hacer algo nuevo o por luchar contra la adversidad.

La hoja de balance del ego

En una reunión de empresa cualquiera, no se necesitan más de cinco minutos para comprobar si es el ego de alguien el que resta honestidad a lo dicho, hace que disminuya la confianza o la sinceridad de los que escuchan y provoca que el debate no sea completamente abierto.

En situaciones así, el ego deja de ser una ventaja y se convierte en un estorbo. Las primeras señales de que esto está sucediendo suelen ser cuatro: 1) compararse, 2) colocarse a la defensiva, 3) hacer alarde de brillantez y 4) buscar aceptación. Cuanto antes se detecten, con mayor rapidez podrán tomarse las medidas para corregir el daño que ese ego (ya sea el nuestro, ya sea el de otros) está produciendo.

Las investigaciones sobre la comparación social han demostrado que cuanto más inseguros estamos sobre lo que somos o sobre lo que tenemos, más automáticas y persistentes se vuelven nuestras comparaciones. Estas, cuando son injustas o incorrectas, nos hacen desaprovechar la oportunidad de sacar el máximo partido a nuestra propia situación, con independencia de cuál sea esta.

Compañera habitual de la comparación es la competencia, entendiendo por esta la seña de identidad del estilo de vida capitalista. Al estar inmersos en un mundo de competencia acelerada, nos sentimos obligados a ser cada vez mejores y no percibimos cuándo hemos empeorado. Cuando la competencia nos obnubila la vista, cruzamos la línea de la comparación sana y colocamos a una sola persona, grupo o empresa en el centro de nuestra atención. La comparación se convierte en algo personal: “yo contra ti” o “nosotros contra ellos”.

 

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